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Así eres tú, Carme, desprendida, disfrutona, y feliz. Y ese es el mejor legado que nos dejas a los que te deseábamos; tu ejemplo, tu recuerdo, tus aprecios, son indelebles en mi corazón. No puedo imaginar cómo será lo que queda de vida sin ti, Carme, pero sí sé lo que has llenado la vida de los que te queríamos.

No puedo imaginar un día sin pensar en los buenos instantes que hemos compartido juntos en la vida. La carta que escribe Álvaro es una tarea de la asignatura de Lengua del Instituto Las Carmelitas de San Fernando (Cádiz). En ese departamento, la profesoras Cristina Pérez, Toñi Serrano y Merche Pérez decidieron proponer a sus alumnos escribir cartas a los mayores que permanecen apartados por el coronavirus. «Creemos que trabajar con la emoción y la empatía asistencia mucho a los estudiantes», explica Cristina Pérez. Y los alumnos, como Álvaro, se pusieron al teclado.

A Miquel, en esta última cena nuestra, le prometí que en la próxima cena tocaríamos el piano a cuatro manos, y es una promesa que pretendo cumplir, amiga. Ahora solo puedo pensar en ti, en todo su amplio sentido; en todo cuanto tú eres y eras, en tu luz, que era mucha, en todos tus gestos y actos. Has sido, Carme, una persona inusual, un ser luminoso y leal.

A lo largo de mi vida aprendí mucho, a veces con mal y en otras ocasiones con mucha alegría, pero querida amiga lo que tú me has enseñado no se puede argumentar. Me enseñaste que los amigos no solo están en los instantes de gozo y alegría sino que también en los de desanimo y tristeza. Me enseñaste que el cariño está escondido en los pequeños gestos diarios y en ese abrazo en la mitad del llanto.

carta a una amiga que quiero

Esa sensación de sacar todo cuanto está dentro de ti es inenarrable.

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De esta forma comienza la carta de Álvaro García, de 13 años, mandada a los clientes de viviendas de mayores. Era una tarea de lengua, pero él la tomó con algo más esencial. Como una ocasión para contribuir a gente que lo está pasando mal. Tienes un corazón enorme y sabes que te mereces lo mejor, pues eres de los humanos mucho más francos, benevolentes y trasparentes que conozco. Tu sinceridad, tu forma de ser, hace que sea imposible no sentir un gran cariño por ti. Juntas hemos compartido cientos de historias.

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